'Bullying' en las redes sociales

El Mundo, 04/04/2014, España

Demoledor: uno de cada cuatro escolares españoles sufre o ha sufrido acoso en las aulas, según datos de la Policía obtenidos del Estudio Cisneros sobre Violencia y Acoso Escolar. La psicóloga Alicia García de Pablo, de la Fundación Protégeles, lo define: "El acoso o bullying no es cosa de niños. Se trata de cualquier tipo de agresión psicológica o física entre iguales y mantenida en el tiempo con la intención de hacer daño". Los casos saltan cada vez más a los titulares. Pero ¿qué se hace en materia de prevención en España? Con esos datos y buscando la respuesta cogemos la línea 7 de autobús en Palma de Mallorca, que parte de Son Rapinya, la zona acomodada donde se ubica el centro concertado católico, mixto y trilingüe Madre Alberta, y tiene su parada final en el degradado barrio de Son Gotleu. La Fiscalía investiga el suicidio por un supuesto caso de acoso escolar de una alumna de 14 años, el pasado día 12 de marzo. Sus profesores no sabían nada.

Un grupo de maestros, trabajadores sociales y policías locales han participado en una iniciativa pionera en España para la convivencia y la resolución de conflictos en las aulas. Es el proyecto europeo Comenius Regio, un programa que permite que seis centros educativos públicos de Son Gotleu se beneficien de una experiencia similar puesta en marcha en la localidad inglesa de Hull. Un vídeo en YouTube narra esta idea, que partió del Instituto para la Convivencia y el Éxito Escolar Balear. "Supone una nueva manera de entender las relaciones en el barrio", explica Genoveva Marí, del Instituto Josep Sureda i Blanes. Como cuenta su compañera Cati Sbert, del colegio Es Pont, los alumnos se colocan en círculo en distintos momentos del día para crear comunidad. "El objetivo es acercarnos al otro, a sus gustos, a sus problemas y sentimientos. Cuando conoces a alguien mejor, lo quieres y se reduce el nivel de conflicto". En este centro, las clases de los más pequeños tienen un rincón con dos sillas y dos elementos recortados: una boca y una oreja. Si hay un problema, bien voluntariamente o a instancias del profesor, los niños escuchan a la parte contraria y proponen soluciones. Si son adolescentes suelen ser ellos mismos los que llegan al acuerdo. La policía local no escatima elogios al programa. "Es una alternativa real a la justicia ordinaria, lo que facilita el buen clima en el centro", explica el agente local Jesús Morro.

"Me dejáis sola y me encuentro mal, triste. Lo único bueno es que tengo más tiempo para pensar", dice una niña canaria de ocho años.

La idea de escuchar y ponerse en el lugar del otro no es nueva en nuestro sistema educativo. La mediación escolar arrancó en España en 1993, gracias a la propuesta del Centro de Investigaciones para la Paz Gernika Gogorautz, experto en la gestión pacífica de conflictos en el ámbito político, educativo y comunitario. La idea bebía de EEUU y Canadá. En los 70 la Administración Carter creó los primeros centros de mediación de justicia vecinal, con un trasfondo de ahorro, y en 1984 nació NAME (Association for Mediation in Education). Aquí su impulsora fue la docente Mireia Uranga. «Comenzamos en un instituto de Gernika, se dio a conocer y hubo una gran demanda nacional e internacional para formar a docentes de otros centros. En 1996 todos los institutos públicos de enseñanza secundaria de Cataluña tenían programas de este tipo. Le siguieron Canarias, Madrid y Andalucía. El alumnado se entrena en la resolución de conflictos, pero no es una práctica que dé respuesta a corto plazo a los problemas disciplinarios de los colegios», explica Uranga a la pedagoga Nélida Zaitegi, exinspectora de Educación en el País Vasco y coordinadora de la asociación Convives, cuya revista online es un referente en el sector. Nélida se queja de la pérdida de funciones de un organismo dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte: el Observatorio Estatal Para la Convivencia Escolar.

«Me dejáis sola y me encuentro mal, triste. Lo único bueno es que tengo más tiempo para pensar».Enfrente de esta niña de ocho años están las dos compañeras que llevan haciéndole el vacío desde el principio de curso. Son de barriadas históricamente enfrentadas de Las Palmas y conviven en un mismo centro educativo: el IES Islas Canarias. Estamos en una clase de mediación. Cada chica expone su problema, escucha, se coloca en el lugar de la otra, verbaliza la situación contraria, admite su parte en el conflicto, reflexiona y perdona. El acuerdo queda por escrito. También hay un profesor que evita en todo momento culpabilizar. Es uno de los 216 mediadores acreditados en esta comunidad autónoma, pionera en regularizar dicha figura. Margarita Navarro dirige desde hace dos décadas el centro. «Antes solo recriminábamos y castigábamos. Había peleas con sangre y altercados demoledores psicológicamente. No confiaba en el poder de la mediación. Hoy, sí creo. Se ha fomentado una cultura del diálogo que sirve en todos los ámbitos de la vida. Otra cosa es el acoso en redes sociales. Ahí debe intervenir la Policía». De la misma opinión es Luisa María Lorenzana, del IES Eras de Renueva, en León, donde estudian chicos de clase media alta. En 2013 obtuvo el premio a la Convivencia en Castilla y León por el buen papel de la red de alumnos y profesores mediadores del centro. «Educamos en el respeto, pero ahora un vídeo multiplica la repercusión de un insulto», explica esta profesora, que defiende el deporte como fórmula para el entendimiento.

"Es raro encontrar un caso de 'bullying' que no esté asociado a las redes sociales", Esther Aren, inspectora jefe encargada de la Unidad de Participación Ciudadana

Enero de 2014. La Fiscalía de Menores de Oviedo sobresee el caso de Carla Díaz, alumna de 2º de la ESO del colegio Santo Ángel Custodio de Gijón. Se arrojó por un acantilado hace ahora un año. La familia pedirá la reapertura del proceso por las evidencias encontradas después de rastrear sus redes sociales: Tuenti, Facebook, Twitter y Ask.fm. Nadie lo hizo entonces. En este sentido incide la campaña de la Policía Nacional, bajo el lema Di no al acoso escolar. «Resulta raro encontrar un caso debullying que no vaya asociado al acoso en redes sociales. Son niños que despiertan hormonalmente en la Red. Los padres les han dado un coche sin carné de conducir», cuenta la inspectora jefe Esther Aren, encargada de la Unidad de Participación Ciudadana, que tiene entre sus cometidos que un centenar de delegados de la Comunidad de Madrid aplique el Plan Director de la Policía. Ofrecen charlas en centros educativos para alumnos, docentes y AMPAS. En 2013 les escucharon 4.000 personas. El 7 de abril se reúnen por primera vez los delegados de toda España para extraer conclusiones. "La mediación sirve, pero no hay que olvidar que el acoso es un delito. A veces detrás del ciberacoso se esconde un adulto. Por eso es necesario formar a los padres".
Son las 11 de la mañana. Termina la charla sobre ciberbuylling que han pronunciado los policías Arturo Fernández y María Jesús Espinosa, delegados de Participación Ciudadana, en el Colegio San José, un centro religioso y privado ubicado en Vallecas, en Madrid. Los chavales se arremolinan y preguntan sus dudas. "Cuando les decimos que acoso es que se hagan pasar por ti en una red social para calumniarte o difamarte, que cuelguen vídeos ofensivos de tu persona o simplemente lancen de manera continuada bulos en internet, muchos nos cuentan que a ellos les pasa. Otros, callan. Les explicamos que como espectadores pueden contribuir a que la víctima se sienta sola. Y les damos el cauce para denunciar", explica Esther Aren. En esta clase, que reúne a niños y niñas de 11 y 12 años, el 90% de ellos entra y participa en una red social, muchos incluso sin tener el permiso de sus padres. La mayoría confiesa agregar a amigos que no conoce y añadir fotos privadas. Ninguno se muestra consciente de que compartir o retuitear un vídeo difamatorio constituye delito.